
Compré "Berlín" sin haber leído apenas nada sobre él, y cuando por fin le puse la aguja encima no pude aguantar la tristeza de las canciones. No es que no me gustaran, es que no podía defenderme de ellas... demasiado joven. No estaba preparado para tras "Berlin" sonara "Lady day", y ni mucho menos para que a esta le sucediera "Men of good fortune" y el dolor de las vidas arrastradas por las drogas se hiciera real. A duras penas aguanté "Caroline says", y solo escuché los primeros compases de "How do you think it feels" antes de apagar el equipo y largarme de la sala.
Si antes de estas canciones hubiera escuchado "The kids", o hubiera conseguido llegar hasta ella, estoy seguro que me hubiera deshecho de este disco. No hubiera podido soportar los gritos de los niños llamando a su madre junkie en mitad de las palabras de Reed. Hoy en día, "Berlín" es uno de mis discos favoritos, por su poesía y por su pureza, y me encanta oírlo de un tirón, pero no olvido que este cabrón me hizo mucho daño.
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