
¿Necesitaba el mundo una versión surf del clásico hippie “Jesus Christ Superstar”? Es más, ¿necesitó alguna vez el mundo de un artefacto musical tan peculiar como la odisea original de Andrew Lloyd Webber? Como simple humano, no poseo el conocimiento que permite la respuesta a estas cuestiones, lo único que puedo decir es que mi fe en la música surf es inquebrantable y hace ya mucho tiempo que me sumergí en sus aguas de la mano de Dick Dale, moderno Juan el Bautista.
El surf es probablemente el único género dentro del rock que convive con lo “místico” sin atascarse en patrañas, mesianismo, discos cuádruples o fiestas para colgados, y esta grabación es la prueba viviente de lo que digo: los voluntariosos intérpretes de esta música se introducen en la boca del lobo y salen a flote ejecutando trepidantes filigranas, a la mayor gloria de los antiguos dioses del Pacífico, de la Gran Ola y del mismísimo Neptuno, divinidades que abandonan sus formas originales para hacerse sonido.
Con la excepción de Susan and the Surftones e Hypnotic IV no controlo a ninguno de los demás señores que aparecen en esta exquisitez, tipos como Daikaiju, Waistcoats, Atomic Mosquitos, Longhorn Devils o Johnny Vortex son sin embargo auténtica lava en erupción. Supongo que no le gustará a todo el mundo, pero los que no lo intenten se perderán grandes cosas: nunca se vio un Judas tan dicharachero!
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